Psicodelia Chilena en los 60

Publicado el 26/07/2012 por

Los Vidrios Quebrados, Los Mac’s y Congregación: ¿Por qué seguir escuchándolos?

La anécdota es conocida: en Radio Corporación, César Antonio Santis presenta “She’ll never know I’m blue” y pide a los auditores que respondan a qué país pertenece la banda; el 60% por ciento cree que son británicos y el 40% los supone estadounidenses. Pero eran chilenos, se llamaban Los Vidrios Quebrados y esa era una de las dos primeras canciones que habían publicado, en un disco sencillo que al reverso traía “Friend”.

Era 1966 y al año siguiente Los Vidrios Quebrados editaron Fictions, su único LP, grabado en apenas tres sesiones nocturnas y que continuaba en esa senda: una docena de canciones que transitaban entre los arpegios de los Byrds, las referencias literarias a Wilde y Borges, la urgencia por cantar sobre el pelo largo y contra la autoridad paterna y la fiebre beatle que a esa altura había contagiado a la mayoría de los músicos más nóveles.

Los Vidrios Quebrados eran jóvenes de clase alta que gracias a sus viajes habían escuchado con poco desfase lo que en la época publicaban los Rolling Stones, Eric Clapton y Bob Dylan. Tan hechizados estaban por esa música, que creyeron que solo podía cantarse en inglés; quizás los aires generacionales de “Se oyen los pasos” y las referencias a la libertad sexual de “Oscar Wilde” hubiesen tenido otro impacto si no fuera por esa intransigencia.

Sin embargo, el gesto imprescindible de un disco como Fictions es que Los Vidrios Quebrados presentaron un conjunto de composiciones propias en una época en que predominaban las réplicas chilenas de grupos y solistas ingleses y norteamericanos. A la primera oída, podían parecer británicos o norteamericanos, pero eran chilenos haciendo canciones para su presente. Otra anécdota lo atestigua: Emilio Rojas, productor de una subsidiaria de Odeon, les ofreció un contrato luego de su primer concierto con la condición de que cantaran en español, hicieran versiones y se convirtieran en “los Beatles chilenos”. El no fue rotundo y finalmente el sello tuvo que retroceder: “Graben lo que quieran”, les dijeron.

Una banda como Los Mac’s ya había tenido esa experiencia. En 1967, cuando publicaron Kaleidoscope men, tenían dos LP a su haber llenos de versiones como “Córrete Beethoven” y “Satisfacción”. En su tercer disco no logran disimular las huellas de Sgt. Pepper y los Stones de la época, pero se dan el gusto de grabar solo composiciones propias y dejar una en español, “La muerte de mi hermano”, como germen de lo que más tarde podríamos atisbar como “rock chileno”.

Ni Los Vidrios Quebrados ni Los Mac’s sobrevivieron mucho más allá de la edición de ambos discos. Los primeros se dispersaron pronto y los segundos alargaron su existencia emigrando a Italia antes de separarse. Pero esas dos grabaciones marcan y anticipan lo que sucedería con buena parte de la música chilena de la época en adelante. Kissing Spell abandonaría ese nombre en inglés para llamarse Embrujo. Parte de Los Beat 4 fundarían luego Frutos del País. Los High Bass dejarían la gomina y la música de baile para convertirse en Los Jaivas. Eduardo Gatti, luego de Apparittion, se integraría a Los Blops, que a su vez abandonarían las versiones para internarse en sus propias aventuras acústicas. Los Sicodélicos y, sobre todo, Los Masters darían vida más tarde a Congreso. El calco, que era el primer impulso de los jóvenes músicos en la década de los ’60, daría paso a una serie de discos y bandas que disparan la música chilena en múltiples direcciones.

Justamente, quizás el más disparado de los discos de la época sea Congregación viene…, único registro que Congregación publica en 1972 y en el que parecen aislados de todo lo que sucedía en el convulsionado Chile de ese entonces. “Ya no están Jesús, Marx ni Lenin / para que vinieran hoy a ayudarte / Te vas quedando solo con muchos lemas / residuos inconscientes de una civilización”, canta Antonio Smith en uno de los pasajes que mejor retratan la música que guarda ese disco. “Estrecha a tu hermano”, “Síntesis de la existencia” y “Cuántos que no tienen y merecen” son algunos títulos de esas canciones, que se despliegan siempre entre sonidos acústicos, cuerdas y suaves vientos que acompañan el timbre agudo y sosegado de Antonio Smith. Puede hallarse en la época música emparentada con ese sonido, pero difícilmente haya otro disco con la ambición intelectual de Congregación viene…, que lo hace sonar desapegado a toda la música que se producía en Chile en esos años.

 

Las preguntas de hoy

Que el sello Ánima publicara Fictions, Kaleidoscope men, y Congregación viene… en 2010 tiene un valor documental evidente. Solo los dos primeros habían sido reeditados en precarias ediciones de CD y dar con un ejemplar requería de suerte y, en el caso de los LP originales, una buena cantidad de dinero.

No obstante, ninguna utilidad tendría el acceso a esta música en la actualidad si fuera solo como un registro del pasado. La escucha de Los Vidrios Quebrados, Los Mac’s y Congregación tiene que despejar las evidentes influencias, los artificios de la época y las limitaciones de la grabación, e ir más allá. Es más provechoso descubrir las ansias por hacer una música juvenil enfrentada a las convenciones adultas, el atrevimiento para experimentar con las precarias posibilidades del estudio, la libertad para lanzar un disco que no respondía a las expectativas de nadie. Si hay algo de valor en estas canciones y en muchas otras de la época, está en cuánto pueden decirle a los músicos y auditores de 2012. ¿Hay bandas actuales con el universo poético de Fictions? ¿Cuántas son capaces hoy de dar pasos como fueron estos discos en su época? Que estos tres títulos estén disponibles otra vez no debe llevar al retroceso ingenuo al pasado. Por el contrario, debe ser un impulso para hacerse preguntas de ese tipo y atreverse a responderlas.